Ante el inminente déficit de gas, que afectará directamente la generación de electricidad, es urgente priorizar un desarrollo planificado que garantice el suministro, dice el experto.

 

EDICIÓN 147 | 2025

Vesna Marinkovic U.

 

1Bolivia, siendo un país tradicionalmente productor de hidrocarburos y con una infraestructura significativa en esa dirección, ¿está en condiciones de apostar a una transición “integral y radical” hacia las renovables, sin salir perjudicado en el proceso?

 

Nuestro país se encuentra en las primeras fases de su transición energética. Aunque se han desarrollado proyectos de energías renovables, el progreso ha sido lento, por lo que la matriz eléctrica sigue dependiendo mayoritariamente de centrales térmicas. Como señala la Fundación Milenio, “La Transición Energética no es una opción: es una necesidad”. Ante el inminente déficit de gas, que afectará directamente la generación de electricidad, es urgente priorizar un desarrollo planificado que garantice el suministro. En el corto plazo, debemos impulsar una expansión rápida de energías renovables como solar, eólica y pequeñas centrales hidroeléctricas para reducir el consumo de gas. Dada la situación económica del país, la participación de agentes privados en esta primera etapa resulta clave para agilizar la implementación y asegurar el abastecimiento energético.

 

“…este plan no contempla la posible escasez de gas natural anunciada por YPFB a partir de 2028, lo que hace urgente revisar y validar sus proyecciones ante este riesgo inminente.”



2La sustitución de recursos fósiles por diversas fuentes de energía sostenible y renovables, que sin duda hablan de una generación de energía más limpia y sustentable, al ser radical, ¿estaría pensada para el corto y mediano plazo en Bolivia?

 

La transición energética busca reemplazar los recursos no renovables por renovables mediante una planificación integral y a largo plazo para toda la economía. En el corto plazo, es urgente acelerar este proceso en el sector eléctrico ante la escasez de gas. Para ello, se deben facilitar inversiones en energías solar, eólica, biomasa y pequeñas centrales hidroeléctricas. Además, es clave maximizar la capacidad de las hidroeléctricas existentes y concluir los proyectos en ejecución de Ivirizu y Miguillas (501 MW en total), que cubrirían el 29% de la demanda actual. A mediano plazo, la transición se sustentará en el desarrollo planificado de nuevas centrales hidroeléctricas.

 

3La vinculación de la energía con tecnologías de la información, redes inteligentes capaces de articular el flujo energético así como la optimización del conjunto del transporte con predominio de la movilidad pública, habla de eliminar totalmente vehículos a gas, gasolina y diésel?

 

La combinación de tecnologías de la información y redes inteligentes es como dotar de un “cerebro” al sistema eléctrico, y el mismo podrá: coordinar perfectamente cuándo se genera la energía (con sol y viento) y cuándo se usa en entregas normales de carga o de uso secundario cuando hay excedentes. Además, podrá gestionar la demanda necesitada en función de las prioridades asignadas, como de ciertos servicios como del transporte público. En referencia a eliminar totalmente vehículos a gas, gasolina y diésel, hubo un cambio en las metas de sustitución fijadas de forma inicial por los países más importantes, al presente se busca su eliminación progresiva y ahora más lenta.

 

4A cuanto ascenderían los costos económicos de esta transición en un plan de gobierno a corto y mediano plazo? Estaríamos hablando de nuevas infraestructuras, etc…

 

Según el “Plan Óptimo de Expansión del SIN con Energías Renovables 2024- 2050”, las inversiones programadas hasta 2032 ascienden a 1,332 MMUS$ para incorporar 900 MW de energía solar y 293 MW de eólica. Esta expansión requiere una inversión adicional de 635 MMUS$ en la red de transmisión, totalizando 1,967 MMUS$. Es crucial señalar que este plan no contempla la posible escasez de gas natural anunciada por YPFB a partir de 2028, lo que hace urgente revisar y validar sus proyecciones ante este riesgo inminente.

5La transición energética está muy asociada a acumuladores de energía como las baterías de litio que, sin embargo, siguen dependiendo de combustibles fósiles como el diésel para su producción, ¿esta dependencia es eventual?

 

La fabricación de BESS (Battery Energy Storage Systems) sí depende actualmente de combustibles fósiles, pero su impacto se está mitigando de forma acelerada. La combinación de energías renovables en la producción de sus plantas, nuevas químicas de baterías menos intensivas en recursos y materiales, y el reciclaje a gran escala, está reduciendo drásticamente la huella de carbono del ciclo de vida completo del acumulador. El objetivo es que los BESS sean una solución energética definitiva, sin dependencia fósil.

6Qué implicaría la modificación del espacio urbano y rural para optimizar la utilización de energía, proveniente de las renovables? Implicaría un nuevo tipo de economía pero también de sociedad?

 

La creciente transición hacia un modelo energético descentralizado está ya transformando a las sociedades de consumidoras pasivas a productora-gestora activas. Esto evidentemente determina la economía y el tejido social, redefiniendo un nuevo rol dual: el “prosumidor” que produce, consume e incluso comercializa energía. El impacto social se manifiesta en una ciudadanía más colaborativa y en la demanda de una reconfiguración del espacio urbano y rural. Las ciudades deberán integrar generación distribuida y redes inteligentes, mientras que en el campo se optimizará el suelo para compatibilizar parques solares y eólicos con actividades agropecuarias.

 

En el caso de Bolivia, su implementación tendría un impacto doble: por un lado, permitiría reducir costos y ampliar la oferta de combustibles; y por otro, ayudaría a enfrentar la recurrente escasez de diésel causada por políticas de suministro y subsidio que presionan al mercado actual.

 

7Qué papel debería jugar el Estado boliviano y qué incentivos serían necesarios para fomentar la producción y uso del diésel sintético en el marco de la transición energética?

 

El Estado boliviano debería asumir un rol facilitador, creando un marco legal y regulatorio que permita implementar tecnologías de producción de diésel sintético. Esto implica aprobar normas claras, transparentes y estables que abran el mercado a la inversión privada y garanticen seguridad jurídica a los emprendimientos.

 

Los incentivos más relevantes serían tener un marco impositivo adecuado, que favorezca la instalación de plantas y reduzca los costos iniciales de inversión; facilidades para importar residuos, materia prima esencial para producir diésel sintético, disponible a bajo costo en los mercados internacionales y; políticas de apoyo a la innovación, que atraigan empresas y desarrolladores tecnológicos al país.

 

De esta forma, Bolivia podría abrir un mercado energético alternativo con beneficios en empleo, transferencia tecnológica, desarrollo industrial y generación de energía más limpia y sostenible.

 

8Finalmente, ¿por qué Paraguay y no Bolivia para que ustedes realicen la producción de este diésel sintético?

 

Porque en Paraguay hay el paraguas natural jurídico, cualquiera puede comercializar combustible, en cambio Bolivia es un infierno burocrático y regulatorio que no permite los emprendimiento y sólo es favorable para que se enriquezcan los que están en el gobierno central y los que innovamos y producimos debemos estar a merced de sus estrategias.

 

“Bolivia es un infierno burocrático y regulatorio que no permite los emprendimiento y sólo es favorable para que se enriquezcan los que están en el gobierno…”

Energía Bolivia

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