EDICIÓN 149 | 2025

Juan Fernando Subirana

 

Después de mucho tiempo sin buenas noticias, el panorama económico boliviano finalmente muestra señales que merecen nuestra atención. Vivimos, como bien se ha dicho, con un elefante en la cristalería durante años. Hoy, ese elefante está saliendo, y aunque inevitablemente rompe lo que tenía que romper en su camino, su salida marca el inicio de una necesaria reconstrucción.

 

Las cifras no mienten; enfrentamos una inflación interanual del 22% según datos de octubre, y el PIB de 2024 registró un decrecimiento oficial del -1.24%, publicado por el INE. Bajo estas premisas, parecería que estamos en una situación peor que el año anterior. Sin embargo, aquí viene el matiz importante: si consideramos los niveles cambiarios que manejábamos a finales de 2024 versus lo que estamos manejando a finales de 2025, la situación no es tan grave como lo fue el año pasado.

 

Probablemente este sea, sumando el efecto inflacionario, el peor año que hemos tenido. Pero paradójicamente, estamos frente a las miras de una posible e interesante recuperación económica.

 

LAS MEDIDAS QUE EL PAÍS ESPERABA

 

Un gobierno que llega con las ganas de arreglar las cosas debe tomar decisiones difíciles. Las señales son claras:

 

– Liberalización de exportaciones: Ya ha comenzado, marcando un cambio fundamental en la política económica.

 

– Reducción del aparato público: Las señales son clarísimas con la reducción de ministerios, y esperamos que se concrete con la aplicación de la Ley López de organización del poder ejecutivo.

 

– Reforma de subsidios: El proyecto de quita de la subvención de carburantes está sobre la mesa. Necesitamos gasolina y diésel, queremos avanzar.

 

“Los indicadores económicos actuales son preocupantes, pero las señales de cambio estructural y la inyección de liquidez externa ofrecen un horizonte de esperanza.”

 


Estas medidas buscan cerrar las heridas del presupuesto económico y reactivar la economía a través de dos elementos fundamentales: confianza y liquidez.

LA INYECCIÓN DE LIQUIDEZ: UN RESPIRO NECESARIO

 

Es crucial mencionar que estamos accediendo a 3,100 millones de dólares de crédito por parte de la CAF, y esto es solo el comienzo. Todavía tenemos opciones de buscar alternativas adicionales con instituciones como Fonplata, FLAR, el FMI y el Banco Mundial. Estamos frente a una coyuntura tremendamente favorable desde el punto de vista del financiamiento externo.

 

En este marco, seamos claros; el 2026 será un año duro de ajuste, cambio, reorganización y reestructuración. A las empresas hay que advertirles sobre un concepto clave; el capital de trabajo. Este será fundamental para que puedan avanzar, trabajar y estructurarse durante todo el 2026, que seguirá siendo un año complicado.

 

La inflación no está bajando aún, el tipo de cambio sigue diferente al oficial. Ha tenido sus altibajos, aunque el nivel de confianza ha ayudado mucho a que esté por debajo de lo que antes estaba.

 

UN ESCENARIO MÁS POSITIVO

 

Me atrevo a decirlo con todas las letras: estamos frente a un escenario mucho más positivo que en gestiones pasadas. Un elemento claro de esto es la identificación de profesionales probos para gestiones dentro del Estado. Por ejemplo, todo el directorio del Banco Central está conformado por profesionales de alto nivel, técnicos apolíticos. Esperemos que esa gestión técnica independiente del Poder Ejecutivo se mantenga durante toda la gestión de los cinco años del gobierno del presidente Paz.

 

CONCLUSIÓN: ENTRE LA DESTRUCCIÓN Y LA RECONSTRUCCIÓN

 

Bolivia vive un momento de transición dolorosa pero necesaria. Como ese elefante que finalmente sale de la cristalería, el país está rompiendo con estructuras que ya no funcionaban. Los cristales rotos son parte del precio que debemos pagar para reconstruir sobre bases más sólidas.

 

El camino no será fácil. Los indicadores económicos actuales son preocupantes, pero las señales de cambio estructural y la inyección de liquidez externa ofrecen un horizonte de esperanza. La clave estará en mantener la disciplina técnica, la independencia institucional y la paciencia necesaria para atravesar este período de ajuste.

 

La economía boliviana está destruida, sí. Pero de las ruinas pueden surgir los cimientos de una recuperación sostenible. El elefante está saliendo de la cristalería, y aunque el desorden es evidente, por primera vez en mucho tiempo podemos vislumbrar un espacio limpio donde construir algo nuevo.

 

…aunque el desorden es evidente, por primera vez en mucho tiempo podemos vislumbrar un espacio limpio donde construir algo nuevo.”

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