La electricidad es esencialmente energía transportada por el movimiento de los electrones en un circuito. Al pasar por un aparato produce calor, iluminación o trabajo, refiere el trabajo reciente de Francisco Zaratti y Susana Anaya…
EDICIÓN 146 | 2025
ENERGÍABolivia
La electricidad no existe libre en la naturaleza, sino que el movimiento de los electrones se genera en centrales eléctricas alimentadas por fuentes como: carbón, caídas de agua, gas y diésel, radiación solar, viento, calor del interior de la tierra y átomos radioactivos, entre otros, señalan Francisco Zaratti y Susana Anaya en un reciente ensayo denominado “La evolución de las fuentes de energía en la historia de Bolivia”.
“Hemos visto que Bolivia posee poco o nulo carbón, pero sí gas, agua, sol, viento y fuentes geotérmicas, de modo que pasaremos en revista la evolución de las fuentes que han contribuido a la generación eléctrica en la historia de Bolivia”, remarcan.
Agregan que las primeras generadoras en Bolivia, entre fines del siglo XIX y comienzo del siglo XX, fueron termoeléctricas a carbón primero y a diésel después, obra de empresarios mineros de la plata y del estaño, mencionando la termoeléctrica de Oruro a carbón importado (1887).
LA NIÑEZ
Aseguran que en las primeras décadas del siglo XX, la generación hidroeléctrica se concentró en Cochabamba y La Paz, mediante pequeñas centrales operadas por empresas privadas como la Bolivian Power Co. (hoy Compañía Boliviana de Energía Eléctrica, COBEE), precisando que estas plantas abastecían a centros urbanos y pequeñas industrias.
“Una mención especial merece la aún bien conservada planta hidroeléctrica de Cayara que en torno al 1910 proporcionaba electricidad también a Potosí”, señalan y agregan que, de todos modos, hasta 1930 la potencia hidroeléctrica del país era de apenas 9 MW (43% para minería y 57% para las capitales de los departamentos de Occidente, destacando que la competencia con las centrales térmicas se resolvió en este período a favor de estas últimas, por razones económicas.
LA JUVENTUD
Indican que entre 1940 y 1960 se construyeron algunas centrales de mayor envergadura, en Cochabamba y en La Paz, haciendo notar, empero, que el crecimiento poblacional y las exigencias de energía eléctrica de domicilios, minas e industrias requerían de una mayor oferta, satisfecha solo en parte por las centrales térmicas, gracias al petróleo extraído por YPFB.
Asimismo, señalan que el objetivo era construir centrales hidroeléctricas aprovechando los abundantes recursos hídricos de la Cordillera Real, pero reconociendo que para esos proyectos hacía falta inversiones que el sector privado, orientado al autoconsumo, no podía garantizar.
LA MADUREZ
Aseguran que el primer cambio de época en el sector aconteció con la incursión del Estado en el negocio eléctrico en todas sus fases: generación, transmisión y distribución. Agregan que el segundo cambio de época se dio con la Capitalización y repasamos algunos hitos:
– 1962: Se crea la Empresa Nacional De Electricidad (ENDE) con el fin de planificar y extender el servicio eléctrico en todo el territorio nacional, incluyendo al área rural, que era de poco interés para las empresas privadas. Ese hecho permitió canalizar créditos de organismos y de la cooperación internacional para expandir la red eléctrica a todo el país y emprender la electrificación de algunas provincias rurales.
– 1965: Creación del Sistema Interconectado Nacional (SIN), que conectó los principales centros urbanos (Cochabamba, Santa Cruz, Oruro, Potosí, Chuquisaca) y permitió una distribución más eficiente de electricidad.
– Entre 1965 y 1990: Expansión del SIN y construcción de grandes centrales hidroeléctricas como Corani y Santa Isabel, que se convirtió en la mayor planta hidroeléctrica del país en su momento (93 MW). La capacidad hidroeléctrica creció, pero la generación térmica (gas natural) seguía dominando, debido a menores costos iniciales y a los subsidios.
– Los 90: Capitalización del sector eléctrico bajo las reformas neoliberales. ENDE fue dividida en tres empresas (Corani en Cochabamba; Guaracachi en Santa Cruz y el Sur, y Valle Hermoso, termoeléctrica en el Chapare) y concesionada a empresas privadas, mediante transferencia del 50% de las acciones.

“Desde el descubrimiento de importantes reservas de gas natural, se aceleró la construcción, mejora y ampliación de las centrales térmicas a gas natural.”
Destacan que empresas privadas, como COBEE (mediante el complejo hidroeléctrico “ejemplar” de Zongo), y capitalizadas, como Corani y Guaracachi, se consolidaron como actores clave en la generación hidro y termo, que tuvo en esa década un crecimiento espectacular.
Hacen notar que desde 1998, Hidroeléctrica Boliviana, en los Yungas de La Paz, incorporó al SIN la última central hidroeléctrica privada del siglo XX con -90 MW de potencia.
Los autores indican que a comienzo del siglo XXI, la matriz de generación eléctrica era predominantemente hidroeléctrica (60%-40%); una situación que duró poco, en la medida en que, a raíz de la nacionalización de los hidrocarburos del año 2006, se privilegió la construcción de plantas termoeléctricas en distintas regiones.
De hecho, dicen, después de la renacionalización del sector eléctrico, no obstante la incorporación de algunas plantas de generación solar y eólica, la potencia de generación eléctrica es aproximadamente 30/70 a favor de las termoeléctricas, debido a la abundancia de gas natural antes de la crisis actual de los hidrocarburos.
EL DESARROLLO DE LAS TERMOELÉCTRICAS
Zaratti y Anaya aseguran que desde el descubrimiento de importantes reservas de gas natural, se aceleró la construcción, mejora y ampliación de las centrales térmicas a gas natural en Bolivia. “Algunas antiguas centrales a ciclo abierto (con emisión de vapor de agua a la atmósfera) fueron convertidas en ciclo combinado (en las cuales se reutiliza el calor del vapor para precalentar el agua)”, refieren.
Asimismo, indican que otras, como la termoeléctrica de Entre Ríos, fueron construidas en momentos en que la producción de gas empezaba a declinar, bajo la quimera de la “exportación de electricidad” a la Argentina, dando inicio, no obstante, a la necesaria integración eléctrica con nuestros vecinos.
Entre las grandes termoeléctricas en funcionamiento mencionan: Warnes (540 MW) y Guaracachi (347), en Santa Cruz; Entre Ríos en Tarija (480 MW); entre las de mediana potencia: Bulo Bulo (140 MW) y Valle Hermosos (167 MW) en Cochabamba y Yacagua, Termoeléctrica del Sur (160 MW), en Tarija.
ACTUALIDAD
Para estos expertos, la situación actual de la industria eléctrica es la siguiente: operan 59 empresas eléctricas, entre generadoras y distribuidoras, públicas y privadas. Agregan que para el año 2024, la capacidad de generación eléctrica instalada fue de 3.641 megavatios (MW).
Sin embargo, aseguran que solo un 50% de esa potencia se utiliza. De hecho, indican, que la energía consumida ese año alcanzó a unos 12.000 GWh con la siguiente distribución: termoeléctricas 60-70%, hidroeléctricas 20-30% y renovables no convencionales 5-10%, dependiendo de las fuentes de información.
LA EDAD DE LA DIVERSIFICACIÓN ENERGÉTICA
“Recién en la segunda década del siglo XXI, el gobierno, principalmente por las tendencias mundiales en cuanto a transición energética para mitigar el cambio climático, toma conciencia de la necesidad de diversificar la matriz de generación eléctrica, mediante fuentes de energías renovables no convencionales (ERNC), básicamente energía solar en el Altiplano y eólica en los valle y llanos, para generar electricidad”, dicen los expertos.
Aseguran que lo que empezó como una “moda” internacional, con financiamiento fácil, se está volviendo hoy una necesidad urgente para paliar la crisis de los hidrocarburos que Bolivia empezó a vivir desde el año 2016.
Hacen notar que, a la fecha, Bolivia cuenta con cuatro centrales eólicas operadas por ENDE Corporación. Acotan que estas centrales se encuentran en Cochabamba y Santa Cruz, y tienen una potencia instalada total de 135 MW, remarcando que Santa Cruz, con los parques de Warnes (14,4 MW), San Julián (39,6 MW) y, El Dorado (54 MW), es el departamento con mayor producción de energía eólica en Bolivia, seguido de Cochabamba (Qollpana I, 27 MW).
Asimismo, indican que otros proyectos eólicos y solares están en construcción o están planificados en varios departamentos. Finalmente, afirman que por el lado de la eficiencia en el consumo, desde 2015, varias ciudades bolivianas han reemplazado focos tradicionales por tecnología LED, que ofrece mayor eficiencia (hasta 50% de ahorro energé- tico) y durabilidad.
