Cuidar el negocio del gas, es la recomendación de esta nota escrita por un experto del sector energético. Asegura que el gas tiene larga vida en el país…
EDICIÓN 145 | 2025
Raúl Serrano
En el año del Bicentenario de Bolivia, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) se alza como una de las instituciones más emblemáticas de la historia republicana. Fundada en 1936, tras el trauma nacional de la Guerra del Chaco, YPFB nació como expresión del anhelo de soberanía sobre los recursos naturales. Hoy, a casi 90 años de su creación y en un contexto de transición energética global, la estatal petrolera enfrenta el desafío de reinventarse o quedar rezagada, después de su tercera nacionalización, en el gobierno de Evo Morales Ayma.
El nacimiento de YPFB, durante el gobierno de David Toro, respondió a un momento histórico de profunda reflexión nacional. El conflicto con Paraguay había puesto en evidencia la debilidad del Estado boliviano frente a intereses transnacionales como la Standard Oil. De esta forma, la nacionalización de sus activos y la fundación de YPFB marcaron el inicio de una larga tradición de control estatal sobre los hidrocarburos. Desde entonces, YPFB ha sido parte central del modelo de desarrollo boliviano, encarnando la aspiración de soberanía económica.
LOS CICLOS DE LA BONANZA: GAS, EXPORTACIONES Y DEPENDENCIA
Durante el auge del gas natural en los años 2000, YPFB vivió su época dorada. La nacionalización de los hidrocarburos en 2006 reforzó su protagonismo y permitió al Estado boliviano incrementar sus ingresos fiscales. Las exportaciones a Brasil y Argentina garantizaron una década de bonanza, que financió programas sociales, infraestructura y una creciente presencia estatal en el manejo de los recursos hidrocarburíferos.

“…la empresa que alguna vez representó la victoria sobre el saqueo, hoy necesita demostrar que también puede ser símbolo de sustento económico, eficiencia, innovación y responsabilidad ambiental.”
La industrialización del gas se convirtió en eje temático de la política del gobierno del Mas. Plantas como la de separación de líquidos en el Chaco o la de urea en Bulo Bulo fueron concebidas como pasos hacia la soberanía tecnológica, asegurando que se ingresaba a la industrialización del gas. Sin embargo, problemas de gestión, mantenimiento y mercados limitados pusieron en tela de juicio la sostenibilidad de estas apuestas.
CRISIS ESTRUCTURAL Y TRANSICIÓN NECESARIA
En la actualidad, YPFB enfrenta una caída sostenida en la producción y certificación de reservas, una dependencia crítica de subsidios estatales y un modelo de negocio que parece anclado en el siglo pasado, según varios expertos del sector. A nivel global, la transición energética y el avance de las energías renovables ponen presión sobre las empresas de hidrocarburos para transformarse. En Bolivia, esta transformación ha sido más lenta y sin duda no ha sido una de sus prioridades, sobre todo por la importante cantidad de recursos hidrocarburíferos que ostentaba hasta por lo menos el año 2014, cuando comenzaron a notarse las fisuras del modelo masista en la gestión de la empresa.
Con todo y en la línea de tendencias mundiales, algunos analistas consideran que YPFB está llamada no solo a producir gas o combustibles, sino a liderar una nueva visión de energía: diversificada, eficiente, tecnológica y ambientalmente sostenible. Esto implica, dicen, abrirse a alianzas público-privadas, impulsar energías alternativas como el biogás, el etanol, el hidrógeno verde y fomentar la generación distribuida.
YPFB DEL FUTURO: ENTRE EL LEGADO Y LA REINVENCIÓN
Para muchos expertos del sector, el futuro de YPFB pasa por una reforma profunda que, en lo básico, implicaría un retorno a un rol meramente regulatorio de las actividades del sector. Consideran que el reto es romper la inercia burocrática y apostar por una gestión transparente, con gobernanza técnica y participación social. Aseguran que la empresa debe repensar su modelo de inversión, incorporar nuevas tecnologías y recuperar su capacidad exploratoria.
En los 200 años de la República, YPFB no es solo parte del pasado; sigue siendo un actor clave en las decisiones sobre cómo Bolivia enfrentará los próximos desafíos del siglo XXI: energía, cambio climático, industrialización y justicia social, para muchos de los actores vinculados al sector.
En conclusión y pese a la crisis que atraviesa la empresa debido a la disminución de reservas de gas para responder satisfactoriamente a la demanda de mercados regionales como el de la Argentina y Brasil, se insiste en que el futuro de YPFB es también el futuro energético de Bolivia. En tiempos de crisis y transformación, el debate sobre su rumbo no ha sido postergado. Por el momento, la empresa que alguna vez representó la victoria sobre el saqueo, hoy necesita demostrar que también puede ser símbolo de sustento económico, eficiencia, innovación y responsabilidad ambiental.
